2008

lunes 7 de julio de 2008

Eterno retorno

¡Levántate, ya eres mujer!
Abriste los ojos sin sorpresa - ¿Mujer?, si a penas tengo once. Te levantaste con lentitud, dejando aferradas las horas de sueño perdidas a las cobijas de una cama que no tenderías. Era un día normal, como todos, fin de semana sin ir a la escuela, ver televisión o salir a dar la vuelta en bicicleta al campo, que va, no podría ser distinto tan sólo por el hecho del cielo nublado, era otoño y no era raro que fuera de los primeros amaneceres gélidamente grisáceos.
Aún tenías pegadas en las orejas aquellas extrañas palabras que te habían arrebatado el sueño. "Levántate", bueno, era hora, pero eso del "ya eres mujer" te provocó un escalofrío, ¿qué se suponía?, ¿cómo era posible eso del ya?, ¿qué antes del ser uno es diferente al cuando ya es?, ¿se convierte acaso en distinta persona, muda de piel, cambia de apariencia?
El súbito estremecimiento te obligó a reparar en el reflejo que te devolvía la superficie del pequeño espejo del cuarto de baño. Tus dientes estaban bien, seguían ahí, había algo en ellos que desde que comenzaron a salir te producía rechazo, bueno, la única ventaja de la no dentadura sería no tener que cepillarla. Tu cabello tal vez hubiese crecido medio milímetro durante la noche, pero a juzgar por el negro azabache y los largos mechones lisos, seguía siendo el mismo. Por instinto tocaste tus orejas y las jalaste a fin de que pareciesen más grandes de lo que realmente eran, pero eso no te divirtió, tus labios guardaron una mueca de tristeza y tu nariz se comprimió al inhalar hasta ser tan fina que en el rostro se veía desproporcionada.
Y cuando estabas a punto de salir del cuarto por inercia, sentiste que algo dentro del espejo te sujetó como diciendo "A propósito me has ignorado". No podías escapar, magnéticamente cerraste los párpados a fin de evitar aquel encuentro no deseado. Tenías arrugas en la frente y alrededor de los ojos a causa del esfuerzo por continuar cerrándolos. Fue entonces cuando una sensación desconocida, como una presencia no identificada y por lo tanto no bienvenida, invadiendo tu espacio celosamente personal, te obligó a poner fin a la resistencia.
Abriste los ojos con miedo, aquellos otros, grandes, negros, profundos e idénticos que les cerraban el paso, te devolvieron con crudeza el hecho inevitable de la transición que sin tu pleno consentimiento había sido aprobada y, peor aún, llevada a cabo mientras dormías. Eso se llama cobardía, asesinar por al espalda, hubieras pensado, a no ser porque la verdad innegable de la metamorfosis de la infancia veíase contenida dentro de tus propios ojos.

lunes 30 de junio de 2008

Metamorfosis

Aspiro el humo del tercer cigarro desde que llegaste. En realidad tú lo aspiras.
Al principio cuando te pregunté si tenías encendedor mostraste desacuerdo, mismo que olvidaste al recordar que soy yo la única persona por la que sientes suficiente confianza, o quizá suficiente odio, como para contarle cosas que no te has atrevido a contarle a nadie.
Y en nada tiene qué ver que sea tu terapeuta, somos amigas desde los once años, y desde entonces no he logrado explicarme cómo es que soportas además de la nube de humo invadiendo el mismo aire que va a parar a tus pulmones, el hecho de que esté checando indiferente, la pantalla de mi ordenador mientras finjo escucharte.
Tengo la misma expresión de "ya he oído suficiente" y al notar de pronto tu silencio, me hace recordar que sigues ahí, seguro vas a querer que apagué esa máquina y empiece con la misma aburrida charla de diván. ¿No se supone que estás ahí para desahogarte y yo simplemente te escucho? No tiene sentido que te llene de consejos que ni yo he sabido aplicar, además, qué es tan importante como para llegar de improviso a mi casa a las seis de la mañana a despertarme sabiendo perfectamente que los lunes duermo hasta las diez. En fin, qué más, pongo expresión de estar interesada y cierro la laptop, de todas formas ya estaba harta de las páginas de poemas en donde a la gente le es permitido escribir lo que sea, por eso es que jamás abrí un blog.
Y bien, y ahora qué dilema detallarías, qué nueva filosofía de vida me sacaría de la manga para que terminara pronto la mezcla de cerveza y lágrimas típica de cada cierre de sesión.
"Dime, las lágrimas ¿ensucian o lavan?", me tomas por sorpresa, mi cerebro no está en buenas condiciones como para crear de la nada una respuesta, lo sabes y por eso continúas, en ocasiones siento que sería lo mismo si incluyeras tu charla en algún mensaje de contestadora o lo hablaras en voz alta contigo misma, no veo la diferencia. Pero claro, prefieres en contacto interpersonal como si eso sirviera de algo.
Continúas mientras mi mente divaga en el futuro éxito que tendrías de decidirte a publicar tus anécdotas o escribir una novela, o quizá yo, si no fueras mi mejor amiga lo pensaría.
Y así van pasando los minutos y mi cerebro y mi estómago se ponen de acuerdo y coinciden en el hambre, el tabaco ya no pudo engañarlos, debí haber programado una alarma en el celular para emergencias como esas, qué más, te diré que es hora de un intermedio o lo que sea.
Justo estaba por sugerirlo cuando me espetaste sin avisar dos palabras que me helaron la sangre, no tanto por la declaración sino por una mezcla de indignación egoísta pues se suponía que yo sabía todo sobre ti y otro tanto por una ansiedad insoportable que en momentos daba asfixia, la misma que por tantos años nos había conducido por el camino de interminables monólogos y asentimientos mecánicos con la cabeza.
"Soy gay", fue lo que dijiste, y no era posible, no es que sea homófoba o albergue en el fondo algún tipo de discriminación, sino que, al no poder lidiar conmigo misma al menos pensé que a ti podía entenderte, y que a pesar del poco interés que mostraba sabías que realmente me esforzaba en ayudarte. No era posible que te hubieras guardado ese secreto durante quién sabe cuanto tiempo, tal vez un mes, dos años o toda la vida, callando el dolor, soportándolo tú sola. Me di asco por no haber podido ser mejor amiga.
Recordé que durante la infancia y parte de la adolescencia jamás en mi familia oí mencionar algún prejuicio injustificado acerca de los homosexuales, a pesar de ser conservadora, la verdad es que tampoco escuché de ellos algo positivo. Simplemente lo anularon como parte de mis conocimientos generales quizá por temor a que algún día se me ocurriera ser así, como si eso fuera cuestión de tan poca seriedad. Al igual que el sexo, continuaron creyendo que si en casa no se hablaba de una cosa las personas no correrán el riesgo de experimentarla. Pero qué ingenuidad.
Las acciones no se evitan con el silencio. Al final te vienes enterando por otros medios nada confiables como la televisión, y la única ventaja es que no existen en ti influencias homofóbicas pero al mismo tiempo, el concepto que te formas es muy personal, vago y lleno de dudas. Como el humo que minutos atrás dejé de exhalar, así de inconsistente.
Apenas me daba cuenta dónde estaba, las ideas se me revolvían en la cabeza, tú siempre habías sido diferente a mis amigos y amigas gay, todo este tiempo habías estado contándole tu vida a una desconocida. Porque así es lo que se siente ¿no?, cuando ocultas algo tan normal pero a la vez tan complejo a las personas que más quieres, sientes que no son ellos, que por más que aleguen conocerte mientras no lo sepan nunca dejarán de ser extraños.
No me preguntes. Sólo continúa, que de pronto el silencio se vuelve más denso, pero entiendo, es mi turno de hablar.
Hace tiempo que decidí escarbar en mis viejos diarios, aquellos con dibujitos y calcomanías en la portada, hojas de colores y adornos que poco a poco se iban desprendiendo, al igual que me iba siendo arrebatada mi infancia. Quise recordar cómo era en esa época, si hubo un tiempo en el que no estuve llena de egoísmo e indiferencia, recordar los juegos, pues eso era sobre lo que escribía.
Nunca imaginé lo que descubriría en esas hojas casi veinte años después, era como si yo misma me hubiera arrancado de la memoria cada palmo de tinta, qué podía ser tan doloroso como para que mi propio cerebro decidiera bloquearlo en un plan de olvido perfecto.
Pero para su desgracia conservaba en los diarios la evidencia, hojeándolos recordé como si fuera otra vida la que mis ojos leían, desde los días en los que sin preocupación alguna pasaba las tardes en bicicleta o jugando a las escondidas, hasta la difícil transición hacia la adolescencia.
Pronto noté la presencia de una serie de palabras o claves, letras en cursiva o escritas con tinta de distinto color; leí en mi propio diario, escrito con mis propias lágrimas el incipiente miedo de que alguien por error o a propósito leyera aquellas confidencias, y es por eso que adopté una especie de código secreto para nombrarla. A ella. A quien mencionaba enmarcando siempre su nombre entre comillas, ya que no me atreví nunca a expresar claramente lo que sentía, pues a mi parecer lo que me estaba pasando era peor que el pecado más imperdonable aunque tan sólo hubiera leído hasta entonces dos veces la Biblia Ilustrada y rezado una vez al año cada Navidad con mi familia.
Sí, tenía trece y estaba enamorada, sé muy bien diferenciar entre admirar a alguien y enamorarse, si estaba confundida entonces lo he estado siempre, años, años de hacer añicos los impulsos, alejándome por temor a que los demás notaran la diferencia entre el nerviosismo de hablar en público, al de tenerla cerca.
Fue así como el sentimiento mutó, el propio mecanismo del dolor fingió anestesia, evité de todas formas quedarme a solas conmigo misma pues así no podría desconocerme, tampoco quería saber quién era.
Hablaba en voz alta.
Sigues frente a mí, inmóvil, jamás podría imaginar si la expresión en tu rostro es de profunda tristeza o de inmensa alegría, "Después de todo las lágrimas desgastan, transforman pero nunca ensucian", me dices mientras me doy cuenta que he sido yo la que todo este tiempo ha asistido a la terapia.

miércoles 25 de junio de 2008

...

Tu voz
y el equilibrio abandona su lánguido reposo
desconozco el dolor que me atraviesa
en secreto tiembla, el corazón de cristal.

Tus ojos
y todas las palabras antes fueron dichas
la máscara resbala de mi rostro
fingiré que no me miras.

Tu piel
y mi alma náufraga encuentra su isla
barco de esperanzas
promesa de suicidas.

Tu nombre
y la cerradura en mi pecho ha sido removida
la puerta se entreabre
te lo diré algún día.

Tu sonrisa
y de las horas alas como simples manecillas
las sombras se esparcen
la noche se duplica.

Tu rostro
y regresa la parte de mí que no quiero que exista
Tú...
y deja de pertenecerme la vida.

martes 17 de junio de 2008

Cómo llenar 25 solicitudes y no conseguir trabajo en el intento

"El trabajo ayuda siempre, puesto que trabajar no es realizar lo que uno imaginaba, sino descubrir lo que uno tiene dentro."

Año tras año mi vida laboral ha sido un fracaso. Empecé a los dieciséis con la supuesta iniciativa de independizarme económica y psicológicamente de mis padres, pero siempre, en cada puerta que tocaba me exigían la mayoría de edad o no ser estudiante, ¿acaso un nuevo tipo de discriminación?
En fin, que sobreviví mis diecisiete con trabajos eventuales de capturista, conservando la esperanza de que tal vez algún día sería remunerado el escribir.

Ya para cuando cumplí dieciocho, descubrí sorprendida que mi credencial de elector había llegado tan rápido y al mismo tiempo que desaparecían mis ganas de ser un individuo útil a la sociedad. Total, si ésta se las había ingeniado 18 años para subsistir sin enriquecerse a expensas de mi trabajo, podía esperar.

Pero en eso surgió la voz de mi malvadaconciencia que me recordó que para cualquier empleo en el futuro cada vez más cercano, era absolutamente necesario contar con experiencia. Ni modo.

Estaba harta de ser rechazada en las ofertas que en verdad me interesaban o tener que recibir quince días de capacitación sin salario en lugares realmente desagradables.
Y así, casualmente justo luego de dos largos meses esperando a que el teléfono sonara para decirme que por fin me contratarían, resultaba que el día que se dignaban era un fin de semana antes de entrar a clases y ni cómo acomodar el horario de tiempo completo que me ofrecían.

Ya tengo diecinueve, y sí, mis búsquedas siguen siendo un fracaso, tanto que la vez pasada Yuli y yo compramos el block de 25 solicitudes y nos propusimos llenarlas todas e irnos a lanzarlas al puente peatonal más cercano y en una de esas sí conseguíamos trabajo.

Pero el desempleo no es en vano, tiene sus ventajas, lo realmente malo es el trabajo que hasta te tienen que pagar para que lo hagas, ¿que cuáles ventajas?, pues te enseña muchas cosas, al menos esto es lo que he aprendido durante 19 largos años de inutilidad laboral:

1.- Aprendes que el significado de la expresión "tiempo completo" no quiere decir exactamente ocho horas, sino desde antes que abra el establecimiento hasta dos horas después del cierre, aproximadamente.

2.- Descubres asombrada que en algunos empleos (no diré en cuales, pero en algunas de ellas te venden cajitas de la felicidad) sus trabajadores laboran por "puro gusto" sin importarles los 400 a la semana o a la quincena que reciban, los turnos extra y días festivos, en fin, qué desengaño, y yo que me la vivía creyendo que era por pura necesidad.

3.- Tachas de hipócrita a la frase que dice "Lo importante en lo de adentro", pues no es lo mismo presentarse a una entrevista con converse, mezclilla y camiseta militar que ir por una vez bien peinada en tu vida, perfumada y con ropa "normal". Superficialismos, "Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos" ¿verdad Maquiavelo?

4.- Descubres que los gerentes o jefes de piso cuando más los necesitas se hacen los locos, andan comiendo, es precisamente su día libre o, simplemente, tomaron la decisión de largarse a descansar.

5.- Te sientes mentalmente insuficiente al contestar un examen pre-entrevista de opción múltiple, en el cual se evalúan tus habilidades de liderazgo, trabajo en equipo y compromiso, que más parece una encuesta del tipo revistas de "Lola" para descubrir si el chavo que te gusta te quiere o no (mayoría de A, quizá, mayoría de B tal vez sí, mayoría de C, alomejor no); o en una de esas ser un perfil para el FBI (que en este caso estaría representado por los guardias del estacionamiento), que en un futuro no muy lejano les permitiría dar con el paradero del próximo empleado al que, asediado por el estrés y las horas extra, decida inexplicablemente colocar una bomba en su trabajo, o, porqué no, incluirlas en las entregas a domicilio y así los clientes no tendrían queja alguna de que sus ke-papas no llegaron en caliente.

6.- Te enteras del lado oscuro que hay detrás de las empresas al descubrir que entre el intrincado laberinto que te conduce a Recursos Humanos, se encuentran puertas restringidas que dan a habitaciones en donde son ilícitamente practicadas las luchas clandestinas, torturas tipo "Hostal" y "Juego macabro", habitaciones repletas de payasos diabólicos y que al final si quieres salir tendrás que elegir al azar sólo una de ellas, ya que forzosamente sólo una conduce hacia la salida, o sino, lástima, pierdes el juego y vas directo a la oficina de Recursos Humanos, entre comillas pues en realidad se trata de una habitación repleta de caníbales oficinistas, y tú vienes siendo su recurso humano = comida.

7.- Luego de llenar tanta solicitud, terminas aprendiéndote tu CURP (que de otra forma jamás lo habrías hecho al menos que seas Ranabel) y la dirección con todo y número de las anteriores escuelas donde estudiaste, las mentiras que pones en las referencias personales que hasta terminas creyéndolas, y aprendes la lección de no llenarlas nunca en voz alta ni mucho menos mientras platicas con un amigo, ya que ocurrirán desgracias que podrían arruinar la solicitud como por ejemplo escribir en el apartado de "Cuál es tu meta en la vida", respuestas tales como "titularnos", "superarnos" o "Terminar nuestros estudios".

8.- Trabajar es fácil, conseguir trabajo es lo difícil, pero en esa búsqueda conocemos aspectos de nosotros mismos que dudábamos de su existencia, al fin de cuentas yo cambiaría la frase inicial por "El esforzarse ayuda siempre, puesto que el esfuerzo no es al fin encontrar lo que uno imaginaba, sino descubrir lo que se es capaz de hacer durante la búsqueda."

jueves 12 de junio de 2008

Junio

Sucede que me canso de ser una
de tener uñas y de mirar ejemplos
me canso del verano y del olor a fruta
de las malas excusas para ocultar el miedo.

Sucede que me hiere el dimorfismo
los ojos tristes y el semblante incierto
las cosas que dices y los secretos
el caminar al aire libre sin poder serlo.

Sucede que renuncio a tu mandar arbitrario
a tu reinado absoluto y a tu ejército ficticio
renuncio a ser uno más de tus soldados ciegos.

Sucede que la voz se ha diluído
en el absimo inútil del cansancio
que dejo de ser una cuando te miro
que olvidé mis ojos junto a un libro abierto.

jueves 22 de mayo de 2008

Trozos de papel

Sólo restos, en mi habitación ya no queda ningún espacio libre sobre el suelo, el miedo se amontona en la cima más alta de la ropa acumulada, mientras que el espejo es sólo una mancha de lágrimas suspendidas que me observan dormir durante la noche.

El polvo a pasado a formar parte de cada superficie sólida, y entre pedazos de gris pardo que estorbaron en la maqueta, UHU y pintura como nuevos acabados en la madera, se esconden debajo las palabras que por tanto tiempo guardé como si fueran el peor de los secretos, como manchas de acrílico permanentes, señales de que tarde o temprano dejan de existir antídotos en contra del silencio.

Pero ya no puedo.

Como si la Dalia con la que he convivido durante 19 años no hubiera sido más que un sueño, y, ahora que despierto, tu rostro es lo único que veo.

Quiero que sepas que me desplomo sin moverme, que me vuelvo torpe al pronunciar tu nombre, que el espejo multiplica la ansiedad de saber que no hay forma de que puedas sentir lo mismo y lo entiendo.

Pero hoy vi algo en tus ojos, algo que, a pesar de ser tan imposible, me alentó a escribirte. Quisiera pensar que es esperanza.

Y lo único que sé es que tú me completas, sin ti no soy más que fragmentos, perdona, pero no tuve el valor de decírtelo hoy al despedirme.

Ya puedes vomitar.

Sé que esto es ridículo, que nunca esperé sentirlo...

Gracias por leer, aunque en estos momentos aún tenga dudas sobre si debo decírtelo, porque sé que me arrepentiré y lo más doloroso sería que tú también lo hicieras, y porque la luz se fue mientras trataba de expresar esto en letras e intento eliminar supersticiones absurdas, si lo has leído entonces no seré tan cobarde, sólo que a partir de ahora me verás con una bolsa en la cabeza. Tal vez nunca lo sepas y esto quede como recordatorio de mi inmadurez.

No pretendo incomodarte así que puedo fingir amnesia, como dije, si no sientes lo mismo lo entiendo, si me dices que es difícil entonces me alejo, es todo.

¿Te quiero?

Los signos de interrogación salen sobrando.

Dimorfismo

Hoy volvió, ya no sólo como una actitud o una voz, sino como una presencia, tangible pero invisible, así, sin rodeos ni más advertencia que un simple presentimiento ignorado, llegó como otra pregunta para la que no existe respuesta.

Me dijo que también escribe, le gusta leer y en sus ratos libres ve películas; duerme hasta tarde y domestica gatos salvajes; la única diferencia fue su insistencia en tocar la guitarra y, de vez en cuando, el violonchelo.

Pienso en sus palabras mientras observo mi guitarra, exiliada en la esquina más lejana de mi cuarto, me devuelve la mirada con recelo por abandonarla, cubierta de polvo y con la sexta cuerda rota. Recuerdo las pocas veces en las que conseguí, casi a fuerzas, robarle unas cuantas notas, y la miro ahora, apartada y minusválida, como auqella parte de mí que se rehúsa a manifestarse porque simplemente no he aprendido a hacerlo sin desafinarme, sin romperme, sin sentir que las partituras que me fueron entregadas al nacer no corresponden con el instrumento que hoy sostienen mis manos .

Y me pregunto, si llegáramos a ser idénticas, ¿cómo podría distinguirme de mí misma?