2010

sábado, 4 de octubre de 2008

Lo que he estado haciendo....

CATEDRA LUIS BARRAGÁN

La plaza ha sido desde la época de los foros romanos y el ágora en Atenas, un punto de encuentro en el cual...

Actualmente, más enfocados en la prefabricación en serie y la expansión de la mancha urbana restamos importancia a estos espacios, la mayoría de veces utilizados como sitios de paso por el traunseúnte atareado, en lugar de ser un lugar reunión y área de descanso.

Tomemos en cuenta que la plaza no es una simple explanada rodeada de árboles insertados sin justificación con o áreas verdes de contorno irregular, tampoco lo son laberintos de asfalto que en lugar de invitar al reposo a los peatones, al contrario, los alejen. Se trata de integrar cada uno de estos elementos, humanizarlos, es decir, hacerlos accesibles, de darles además una identidad propia que no sólo llene un espacio vacío sino que les dé un significado único.

¨La arquitectura mantiene su propio papel de coordinación, mientras que escultura, pintura, decoración y paisajismo se redimensionan como simples aportaciones a insertar en el proyecto general.¨

Ahora bien, existen dos tipos principales de plazas: las plazas tradicionales, que funcionaban alrededor de algún edificio y las contemporáneas, enfocándose en constituir un espacio atractivo de encuentro en donde las personas se reúnen sin algún propósito específico. Para nuestro diseño, utilizamos como referencia elementos de estas últimas, ya que si bien el proyecto está ubicado entre edificios históricos representativos del Estado, no se encuentra subordinado a ninguno de ellos ni se alza como un ente aislado, sino que tiene como objetivo desdibujar el contorno entre plaza y calle pues trata de integrar los elementos adyacentes y con ello unificar los diferentes puntos de encuentro que de lo contrario permanecerían aislados.

Nuestro proyecto comprende…


PD: Sé que ya nadie pasa por estos sepulcros, pero si alguien tiene alguna idea, se agradece cualquier ayuda y se aceptan sugerencias.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Éxodo

Página en blanco

martes, 26 de agosto de 2008

Significados

Me miras y sonríes y mi mundo se desequilibra, me vuelvo presa de una felicidad efímera, inconstante, casi transparente, como la llama tambaleante de una vela danzando entre las sombras, que amenaza con extinguirse al más mínimo soplo de la noche; con una felicidad minimalista, torpe, prohibida, de esas de las que sientes que no mereces pero que tienen tu nombre en mayúsculas escrito en el sobre.
Felicidad intermitente, que duele como un calambre y arde como cualquier herida.
Soy esclava de ese placebo inexplicable, único, del cual una vez que tocas a su puerta y huyes con miedo a saber que hay dentro, termina alcanzándote para ajustar cuentas en medio de la calle.
Felicidad que sabes no es para ti y te sientes culpable, que te hace dudar si realmente es felicidad, pero que no se puede negar hasta que se demuestre lo contrario, la extraña felicidad que te provoca el cansancio por la madrugada cuando llevas días seguidos desvelándote.

Me haces tan feliz, y a la vez tan miserable.

jueves, 31 de julio de 2008

Sobrevivimos, ¿o estamos muertos?

- Hace días que no lloras.
- Quiero llorar hoy.
- ¿Porqué?
- No sé.
- ¿Por qué te das así de fácil por vencida?
- No lo hago.
- ¡Ah!, entonces ¿cómo se le llama a eso de dar un paso atrás y bajar la guardia? Te rindes, es todo.
- No es lo que yo quisiera y lo sabes.
- Y si no lo quieres ¿porqué lo haces?
- Porque creces y maduras y envejeces más rápido de lo que mantienes las ilusiones, porque no es lo mismo a que cuando eras niña y todo lo conseguías. No hay adiós porque ni siquiera hubo un qué tal al principio.
- El reloj ya avanza.
- ¿Qué dices?
- Sí, el que cuelga de la pared blanca que...
- Sí, lo noté pero ¿eso qué tiene qué ver con el asunto?
- La vida no se detiene, no se detuvo nunca, tú fuiste quién la mantuvo en pausa todos estos meses, petrificada, así como si fuera una llamada en espera o algo así.
- Ya entendí.
- Pero el problema aquí era que aunque tú estuvieras en medio de la niebla, suspendida, el mundo seguía andando allá afuera, al mundo no se le acaba la pila ni de pronto se quedan a medio camino sus manecillas.
- Creo que yo no solamente me detuve, sino que también retrocedí, y no quiero saber hasta dónde. Asesina, sí, pero no quiero matar las últimas esperanzas de las personas que están cerca de mí.
- ¿Y las tuyas?
- Ya murieron.
- No para siempre, esas cosas resucitan cuando menos te lo esperas.
- Creí que eras como la parte realista de mi cerebro.
- Sí, tan realista que te saqué de prisión al menos tres veces en las últimas dos semanas.
- ¿En serio fueron tantas?
- Además, en un mundo lleno de posibilidades no estoy condenada a siempre repetir la pesimista y aburrida respuesta del "no", no se puede, no existe, no es real, no funcionará... Uno no elige la parte del cerebro que quiere ser.
- Ni tampoco de quién enamorarse.

domingo, 20 de julio de 2008

No hay adiós

Perdón, se me acabaron las palabras para nombrarte al igual que los ojos se desgastan de tanto mirarte a escondidas, ahora sí que no tengo nada, pero qué importa, desde el principio nada tuve sin ti.
Ridículamente vengo a conversar contigo cada noche, ridículamente también, el cerebro interpreta esto como un falso desahogo como si en verdad tú estuvieras escuchándome, o quisieras.
Ya no debería verte, aunque eso implicaría cambiarme de escuela, de casa y hasta de nombre, eres una presencia permanente, alejarme sería como negarme a mí misma.
Porque no te he dicho verdad, desde el viernes hice un pacto de olvidarte, me di veintisiete días exactos, hasta el catorce de agosto intentaré aniquilar la parte de mí que te ama, es decir toda, y no es que crea en imposibles, pero las personas tienden a actuar incoherentemente cuando se enamoran que pienso que existe la posibilidad.
Es absurdo, luchar contra ti pero qué cosa no lo es, los estúpidos horarios, la televisión, que te digan hasta lo que no debes escribir; sólo espero no acabar con las dos partes pues de qué te serviría un cadáver.
De ninguna manera esto significa que haya dejado de quererte, al contrario, pero es la última oportunidad de vida que le queda a esta maldita normalidad, un mes y ya.

lunes, 7 de julio de 2008

Eterno retorno

¡Levántate, ya eres mujer!
Abriste los ojos sin sorpresa - ¿Mujer?, si a penas tengo once. Te levantaste con lentitud, dejando aferradas las horas de sueño perdidas a las cobijas de una cama que no tenderías. Era un día normal, como todos, fin de semana sin ir a la escuela, ver televisión o salir a dar la vuelta en bicicleta al campo, que va, no podría ser distinto tan sólo por el hecho del cielo nublado, era otoño y no era raro que fuera de los primeros amaneceres gélidamente grisáceos.
Aún tenías pegadas en las orejas aquellas extrañas palabras que te habían arrebatado el sueño. "Levántate", bueno, era hora, pero eso del "ya eres mujer" te provocó un escalofrío, ¿qué se suponía?, ¿cómo era posible eso del ya?, ¿qué antes del ser uno es diferente al cuando ya es?, ¿se convierte acaso en distinta persona, muda de piel, cambia de apariencia?
El súbito estremecimiento te obligó a reparar en el reflejo que te devolvía la superficie del pequeño espejo del cuarto de baño. Tus dientes estaban bien, seguían ahí, había algo en ellos que desde que comenzaron a salir te producía rechazo, bueno, la única ventaja de la no dentadura sería no tener que cepillarla. Tu cabello tal vez hubiese crecido medio milímetro durante la noche, pero a juzgar por el negro azabache y los largos mechones lisos, seguía siendo el mismo. Por instinto tocaste tus orejas y las jalaste a fin de que pareciesen más grandes de lo que realmente eran, pero eso no te divirtió, tus labios guardaron una mueca de tristeza y tu nariz se comprimió al inhalar hasta ser tan fina que en el rostro se veía desproporcionada.
Y cuando estabas a punto de salir del cuarto por inercia, sentiste que algo dentro del espejo te sujetó como diciendo "A propósito me has ignorado". No podías escapar, magnéticamente cerraste los párpados a fin de evitar aquel encuentro no deseado. Tenías arrugas en la frente y alrededor de los ojos a causa del esfuerzo por continuar cerrándolos. Fue entonces cuando una sensación desconocida, como una presencia no identificada y por lo tanto no bienvenida, invadiendo tu espacio celosamente personal, te obligó a poner fin a la resistencia.
Abriste los ojos con miedo, aquellos otros, grandes, negros, profundos e idénticos que les cerraban el paso, te devolvieron con crudeza el hecho inevitable de la transición que sin tu pleno consentimiento había sido aprobada y, peor aún, llevada a cabo mientras dormías. Eso se llama cobardía, asesinar por al espalda, hubieras pensado, a no ser porque la verdad innegable de la metamorfosis de la infancia veíase contenida dentro de tus propios ojos.

lunes, 30 de junio de 2008

Metamorfosis

Aspiro el humo del tercer cigarro desde que llegaste. En realidad tú lo aspiras.
Al principio cuando te pregunté si tenías encendedor mostraste desacuerdo, mismo que olvidaste al recordar que soy yo la única persona por la que sientes suficiente confianza, o quizá suficiente odio, como para contarle cosas que no te has atrevido a contarle a nadie.
Y en nada tiene qué ver que sea tu terapeuta, somos amigas desde los once años, y desde entonces no he logrado explicarme cómo es que soportas además de la nube de humo invadiendo el mismo aire que va a parar a tus pulmones, el hecho de que esté checando indiferente, la pantalla de mi ordenador mientras finjo escucharte.
Tengo la misma expresión de "ya he oído suficiente" y al notar de pronto tu silencio, me hace recordar que sigues ahí, seguro vas a querer que apagué esa máquina y empiece con la misma aburrida charla de diván. ¿No se supone que estás ahí para desahogarte y yo simplemente te escucho? No tiene sentido que te llene de consejos que ni yo he sabido aplicar, además, qué es tan importante como para llegar de improviso a mi casa a las seis de la mañana a despertarme sabiendo perfectamente que los lunes duermo hasta las diez. En fin, qué más, pongo expresión de estar interesada y cierro la laptop, de todas formas ya estaba harta de las páginas de poemas en donde a la gente le es permitido escribir lo que sea, por eso es que jamás abrí un blog.
Y bien, y ahora qué dilema detallarías, qué nueva filosofía de vida me sacaría de la manga para que terminara pronto la mezcla de cerveza y lágrimas típica de cada cierre de sesión.
"Dime, las lágrimas ¿ensucian o lavan?", me tomas por sorpresa, mi cerebro no está en buenas condiciones como para crear de la nada una respuesta, lo sabes y por eso continúas, en ocasiones siento que sería lo mismo si incluyeras tu charla en algún mensaje de contestadora o lo hablaras en voz alta contigo misma, no veo la diferencia. Pero claro, prefieres en contacto interpersonal como si eso sirviera de algo.
Continúas mientras mi mente divaga en el futuro éxito que tendrías de decidirte a publicar tus anécdotas o escribir una novela, o quizá yo, si no fueras mi mejor amiga lo pensaría.
Y así van pasando los minutos y mi cerebro y mi estómago se ponen de acuerdo y coinciden en el hambre, el tabaco ya no pudo engañarlos, debí haber programado una alarma en el celular para emergencias como esas, qué más, te diré que es hora de un intermedio o lo que sea.
Justo estaba por sugerirlo cuando me espetaste sin avisar dos palabras que me helaron la sangre, no tanto por la declaración sino por una mezcla de indignación egoísta pues se suponía que yo sabía todo sobre ti y otro tanto por una ansiedad insoportable que en momentos daba asfixia, la misma que por tantos años nos había conducido por el camino de interminables monólogos y asentimientos mecánicos con la cabeza.
"Soy gay", fue lo que dijiste, y no era posible, no es que sea homófoba o albergue en el fondo algún tipo de discriminación, sino que, al no poder lidiar conmigo misma al menos pensé que a ti podía entenderte, y que a pesar del poco interés que mostraba sabías que realmente me esforzaba en ayudarte. No era posible que te hubieras guardado ese secreto durante quién sabe cuanto tiempo, tal vez un mes, dos años o toda la vida, callando el dolor, soportándolo tú sola. Me di asco por no haber podido ser mejor amiga.
Recordé que durante la infancia y parte de la adolescencia jamás en mi familia oí mencionar algún prejuicio injustificado acerca de los homosexuales, a pesar de ser conservadora, la verdad es que tampoco escuché de ellos algo positivo. Simplemente lo anularon como parte de mis conocimientos generales quizá por temor a que algún día se me ocurriera ser así, como si eso fuera cuestión de tan poca seriedad. Al igual que el sexo, continuaron creyendo que si en casa no se hablaba de una cosa las personas no correrán el riesgo de experimentarla. Pero qué ingenuidad.
Las acciones no se evitan con el silencio. Al final te vienes enterando por otros medios nada confiables como la televisión, y la única ventaja es que no existen en ti influencias homofóbicas pero al mismo tiempo, el concepto que te formas es muy personal, vago y lleno de dudas. Como el humo que minutos atrás dejé de exhalar, así de inconsistente.
Apenas me daba cuenta dónde estaba, las ideas se me revolvían en la cabeza, tú siempre habías sido diferente a mis amigos y amigas gay, todo este tiempo habías estado contándole tu vida a una desconocida. Porque así es lo que se siente ¿no?, cuando ocultas algo tan normal pero a la vez tan complejo a las personas que más quieres, sientes que no son ellos, que por más que aleguen conocerte mientras no lo sepan nunca dejarán de ser extraños.
No me preguntes. Sólo continúa, que de pronto el silencio se vuelve más denso, pero entiendo, es mi turno de hablar.
Hace tiempo que decidí escarbar en mis viejos diarios, aquellos con dibujitos y calcomanías en la portada, hojas de colores y adornos que poco a poco se iban desprendiendo, al igual que me iba siendo arrebatada mi infancia. Quise recordar cómo era en esa época, si hubo un tiempo en el que no estuve llena de egoísmo e indiferencia, recordar los juegos, pues eso era sobre lo que escribía.
Nunca imaginé lo que descubriría en esas hojas casi veinte años después, era como si yo misma me hubiera arrancado de la memoria cada palmo de tinta, qué podía ser tan doloroso como para que mi propio cerebro decidiera bloquearlo en un plan de olvido perfecto.
Pero para su desgracia conservaba en los diarios la evidencia, hojeándolos recordé como si fuera otra vida la que mis ojos leían, desde los días en los que sin preocupación alguna pasaba las tardes en bicicleta o jugando a las escondidas, hasta la difícil transición hacia la adolescencia.
Pronto noté la presencia de una serie de palabras o claves, letras en cursiva o escritas con tinta de distinto color; leí en mi propio diario, escrito con mis propias lágrimas el incipiente miedo de que alguien por error o a propósito leyera aquellas confidencias, y es por eso que adopté una especie de código secreto para nombrarla. A ella. A quien mencionaba enmarcando siempre su nombre entre comillas, ya que no me atreví nunca a expresar claramente lo que sentía, pues a mi parecer lo que me estaba pasando era peor que el pecado más imperdonable aunque tan sólo hubiera leído hasta entonces dos veces la Biblia Ilustrada y rezado una vez al año cada Navidad con mi familia.
Sí, tenía trece y estaba enamorada, sé muy bien diferenciar entre admirar a alguien y enamorarse, si estaba confundida entonces lo he estado siempre, años, años de hacer añicos los impulsos, alejándome por temor a que los demás notaran la diferencia entre el nerviosismo de hablar en público, al de tenerla cerca.
Fue así como el sentimiento mutó, el propio mecanismo del dolor fingió anestesia, evité de todas formas quedarme a solas conmigo misma pues así no podría desconocerme, tampoco quería saber quién era.
Hablaba en voz alta.
Sigues frente a mí, inmóvil, jamás podría imaginar si la expresión en tu rostro es de profunda tristeza o de inmensa alegría, "Después de todo las lágrimas desgastan, transforman pero nunca ensucian", me dices mientras me doy cuenta que he sido yo la que todo este tiempo ha asistido a la terapia.